La casa: esa otra orilla que añoramos alcanzar. El hogar, la casa, ese espacio donde, tras cerrar la puerta, el mundo queda afuera a la espera de nosotros, mejor, ajeno ya a nosotros, protegidos como estamos al fin en nuestro encierro de cosas conocidas, de sonidos que envuelven nuestros sueño, de voces a través de las cuales, volvemos a reconocernos en nuestra vida real, en lo que realmente somos…hija, hermano, padre, abuela. Afuera, no somos lo que somos: transitamos. Vamos de acá para allá, negociando nuestro rostro, y a veces, nuestro ser, en un trueque donde en el mejor de los casos, tras gastarse nuestras manos, nuestra voz, nuestra paciencia, nos queda la esperanza del retorno con lo nuestro, con los nuestros o con nuestra soledad fiel, que nos aguarda. Deambulamos, somos masa, muchedumbre; luego, en casa, somos este que soy, con nombre propio, aquella que es, inconfundible. En casa, una silla me recuerda, conoce mis pasos, mi peso, mi olor, el toque de mis de...
"Escribir, es poner en orden lo disperso" Carlos Fuentes