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Mostrando las entradas etiquetadas como Ernesto Sabato

La casa.

La casa: esa otra orilla que añoramos alcanzar. El hogar, la casa, ese espacio donde, tras cerrar la puerta, el mundo queda afuera a la espera de nosotros, mejor, ajeno ya a nosotros, protegidos como estamos al fin en nuestro encierro de cosas conocidas, de sonidos que envuelven nuestros sueño, de voces a través de las cuales, volvemos a reconocernos en nuestra vida real, en lo que realmente somos…hija, hermano, padre, abuela. Afuera, no somos lo que somos: transitamos. Vamos de acá para allá, negociando nuestro rostro, y a veces, nuestro ser, en un trueque donde en el mejor de los casos, tras gastarse nuestras manos, nuestra voz, nuestra paciencia, nos queda la esperanza del retorno con lo nuestro, con los nuestros o con nuestra soledad fiel, que nos aguarda. Deambulamos, somos masa, muchedumbre; luego, en casa, somos este que soy, con nombre propio, aquella que es, inconfundible. En casa, una silla me recuerda, conoce mis pasos, mi peso, mi olor, el toque de mis de...

Carta a Ernesto Sabato

Carta a Ernesto Sabato. O la metafísica de lo cotidiano. Honorable Señor, he leído con profunda alegría ese hermoso libro que usted escribió hace 10 años ya, La Resistencia, y no puedo evitar dirigir a usted, esta carta, motivado por su espíritu y contagiado por las certezas que sobre el valor de la vida humana, por la necesidad de la esperanza, y el milagro del amor como antídoto del mal, nos dejan esas sus cinco cartas que componen el libro. Y qué mejor manera de comenzar un libro que sus palabras: “Hay días que me levanto con una esperanza demencial -dice usted --momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana, están al alcance de nuestras manos. Este es uno de esos días.” Es que eso demuestra que la literatura, la escritura en usted, y en muy pocos de su estatura, es un regalo para nosotros, de lo mejor de usted mismo. Su mejor vino, la gran reserva espiritual de un hombre que resiste el siglo, y que en esa resistencia se ha añejado su sabiduría, para ponerl...