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Simón Bolivar, el general desamparado

Simon Bolívar: el general desamparado. Por Jorge Castellón Lo veía siempre que yo pasaba por la esquina. Allí, oculto tras aquella enorme figura que se elevaba sobre sus patas traseras como queriendo tomar vuelo, como queriendo huir del suelo o quizás amedrentar a los transeúntes, que como yo, veíamos asombrados aquella escena extraña de un animal erguido, con las fuerzas contenidas en un intento estático, pero amenazante, mientras a sus pies, ajeno a esa acción intrépida en suspenso, la figura de un hombre yacía impasible, tendida sobre el suelo, a un palmo de las patas traseras de la bestia. Sobre los cartones, el hombre yacente parecía un cuerpo, que tras una ardua batalla había quedado insepulto, mientras el héroe de algún ejército vencedor, arribaba tardíamente a un poblado ya destruido, a expulsar a los bárbaros que huían del valor de aquel jinete. Porque aquella figura impresionante que se erguía, era un caballo y su jinete, un animal y un hombre, pero para el niño que era yo en...

Qué nos deja un poeta...cuando muere

¿Qué deja un poeta… cuando muere? A Mario Benedetti. ¿Qué deja un poeta… cuando muere? Su palabra. Y la fidelidad de aquellos, crédulos de la palabra misma, que la evocan, la conservan, la restauran, la limpian del polvo de los días, la pulen de las posibles manchas del olvido. La refrescan, la recitan, la recrean, la reinventan. ¿Qué deja un poeta al despedirse por vez última? Su lenguaje. Ese lenguaje de los otros hecho de sus palabras mismas, de las palabras que del corazón, van a su voz a algún papel y de ahí a la memoria. Que se vuelve canto luego, plegaria colectiva, grito o risa contagiosa, himno que viaja por los vientos, de aquí para allá, por doquier, como estandarte de la soledad y de las multitudes. ¿Qué deja un poeta, cuando se marcha para siempre? Su sentir. Y el vaivén de ese sentir sobre los otros, como olas que nos mecen, a veces tormentosas, a veces calmas, a veces misteriosamente quietas, en este mar de cosas imprevistas por donde caminamos para luego despedirnos…sor...

Las golondrinas del Teatro Nacional

Las golondrinas del teatro. Al pintor, Carlos Cañas Agarradas de esa tierna oscuridad que da el inicio de la noche, colgadas, se diría, del aire ya gris de las penumbras, orilladas quizás, en los relieves de aquellas paredes de blanco concreto; escondidas en los alfeizares, agazapadas bajo los arcos, protegidas por las recias columnas de su palacio, aquellas golondrinas, pequeñas y negras, esperaban. Y llegada esa hora donde todo es… desbandada, un ir y venir, un arremolinarse de apuros de las gentes allá abajo, también ellas, de salto en salto, buscaban posarse en los cables eléctricos de la calle, entre poste y poste, entre línea y línea, conformando una especie de escritura musical sobre líneas negras, en ese papel gastado de la mampostería gris de aquel teatro, era aquella una partitura de los elementos, de esa ciudad donde yo crecía.. El Teatro, sumergido en el centro mismo de esa sumatoria abigarrada de viejos edificios, y ocultado desde el suelo por la multitud… yacía siempre si...

Aniversario de Monseñor Romero 2009

La esperanza como centro de la vida.* Si existe soledad, si existe el mal, si existe la abrumadora pobreza y la injusticia, debe haber esperanza, esperanza del bien, esperanza de justicia. No se puede hablar de las fuentes de la felicidad humana, sin hablar de los enemigos de esa misma felicidad. El centro, los centros de la vida, son siempre conquistas que se hacen en lucha contra algo que se opone a nosotros mismos, a nuestra realización de felicidad. La esperanza, es el alma de esa lucha: la persona que está lejos de su lugar amado, tienen la esperanza del retorno. La persona que ama, tiene la esperanza de un amor correspondido; la persona que crea, tiene la esperanza de alcanzar su obra máxima; la persona que ama al mundo, tiene la esperanza de una humanidad entera que sea feliz. La esperanza, no es una palabra vacía, no es una categoría perdida del lenguaje, no es una queja de la nada. La esperanza es un sentimiento real que toma vida en el mundo a través de personas reales en u...

El Salvador: una historia de la barbarie

El Salvador: una historia de la barbarie. Terror contra esperanza. Política contra ética. Jorge Castellón. Surgimos con los volcanes en ese estrecho de mar entre dos continentes, y así, lo que iba a ser nuestro suelo, apareció de la lava de una y otra erupción, haciendo esa superficie delgada y heterogénea, de lagos y montañas, de ríos, de cuevas, de lo que hoy conocemos como Centro América. Esta fue nuestra virtud y nuestra desgracia. Con un suelo rico y fructífero abonado de ceniza, heredamos tanto la perenne furia de la tierra, como la abundancia gratuita de los campos. “Varios milenios antes de Cristo- dice David Browning- el hombre de El Salvador había adaptado a su tierra un gran numero de plantas alimenticias, entre las que figuraban el maíz, varios tipos de frijoles y de calabazas, y de chiles. Además de estos alimentos, otras series de plantas cultivadas en América central – aguacate, jocote, saúco, guayaba, zapote, papaya, tuna, tomate, cacao, maguey, tabaco, algodón, henequé...

Navidad, triste Navidad

Navidad, triste Navidad Imagino un día, en el que puedas regresar. Imagino un día, en que podamos volver a conocerte. Por ahora, permaneces escondida detrás de las cosas, Existes como existen las leyendas olvidadas: de las cuales, tan sólo percibimos sus sombras con la débil memoria del olvido, o con la gruesa ceguera de lo que ignoramos. Te has convertido en un pretexto. Tu nombre -que significa nacimiento- ha perdido su real significado. Hoy, es uno de las palabras con las que se nombra el intercambio de las cosas; el arte de la compra, una forma, dicen, de decir a los demás… que los queremos. Un poeta dijo una vez, que entre nosotros y las cosas existe un cristal, una barrera transparente. Por eso jamás esas cosas, nos pueden llenar el corazón, aunque nos parezca que por su proximidad, las poseemos. Tan sólo hay un lugar donde tú existes. Un lugar secreto, un lugar pequeño, un lugar inadvertido por el mundo: La tenue esperanza de algún niño descalzo; su oculta soledad tras los carto...

El laberinto perdido

El Laberinto perdido. Hace unos treinta años ya, en lo que recuerdo era ese parque llamado Los Planes de Renderos, existía una estructura ovalada o circular formada por arbustos de mediana estatura, que dispuestos como estaban, le daban vida a lo que conocemos legendariamente como un laberinto. Sus paredes entonces, eran de ramas y hojas profusas, tanto, que era imposible ver a través de esas paredes verdes. Sus pasadizos en espiral, eran tan intricados para un niño menor de 10 años que era yo entonces, que no pocas veces, entrando en él, sentí la verdadera angustia de estar perdido, y la impotencia de no encontrar nunca la salida. La altura de las paredes era tal, que hubiera necesitado el doble de mi estatura para poder ver del otro lado de una de éllas. Así lo recuerdo ahora: amplio, complicado, fatigoso. Entraba corriendo con el deseo de extraviarme. Porque lo emocionante era perderse, aunque causara inquietud y a veces miedo. Era una aventura, un reto de poder encontrar la solució...