Ir al contenido principal

Entradas

EL MUNDO PESA MENOS: MATILDE ELENA LOPEZ, HA MUERTO.

El mundo pesa menos: Matilde Elena ha muerto. Dice Borges, que todo artista lega al final, con suerte, una imagen de sí mismo. Es esa imagen de trabajo entuciasta, de solidez intelectual, de confianza personal y de osadía, la que lega al final para nosotros, Matilde Elena López. Si a un hombre y a un amujer, se le juzga por sus actos, mucho más aún, a un artista, a un pensador, mejor, a una artista a una pensadora, se le ha de juzgar... por sus obras. Esa de la que y desde la que hemos de apreciar y juzgar su legado. Asi, la obra máxima de la primera mujer ensayista salvadorña, Interpretacion Social del Arte, que sirva de referencia para medir la altura, el peso, la solidez, y la profundidad de un pensamiento. Nacida en 1919, recorre con su vida la mayor parte de los más significativos sucesos de la historia de su país de origen, El Salvador. Librepensadora, arremete contra la dictadura del Martinato de manera activa, dejando una huella de liderazgo intelectual en esa gesta por la demo...

El reino de este mundo

El Reino de este mundo. “Haití no existe”, reza un titular de este dia de un periódico español. Con ello se quiere dar a entender, sumariamente, que aquel país, que un dia fue el más pobre de latinoamérica y uno de los más pobres del mundo, ha desaparecido. No obstante, por paradójico que parezca, Haití, sí existe, sigue existiendo y seguirá existiendo como siempre ha sido: como una realidad innegable del presente en la historia viva de un continente que continúa con sus venas abiertas. Pese a la destruccion y la muerte, Haití seguirá alli, como una imagen que no queremos ver, que no queremos reconocer, como parte de nosotros. Tal y como nos ha acompañado en ya casi medio milenio. La triste historia de esa nacion de 9 millones de habitantes, sobre una extención de 27,000 kilometros cuadrados, no se aleja en mucho de la historia toda del resto de naciones centroamericanas, por ejemplo. Centroamérica ha podido comprobar una y otra vez, que sus pobres son las primeras víctimas de cualquie...

Carta de esperanza para un pueblo

Carta de esperanza para un pueblo. Que caiga la lluvia Que caiga un chaparrón Que caiga. No para botar las casas, mejor, para hacer crecer las siembras. Para adornar el dia de gotas luminosas, para lustrar las hojas de todos los amates. Que sople el viento Que sople un ventarrón Que sople. Que enrede los cabellos que estén sueltos, las ramas del mango y del naranjo, y que haga volar alto las piscuchas de esos niños nuestros, que han amarrado su risa con la punta del cielo. Que haga una tarde bonita cada día, que haga una tarde fresca. Que dure más allá que de las cuatro hasta las seis. Y que en esas tardes salgamos fuera todos, a sentarnos en bancos o cunetas, a platicarnos de cosas que queremos, a conversar de aquello que soñamos , y olvidemos - aunque sea por un rato-, todo lo que nos haya puesto tristes. Que se haga de noche, estrellada. Que se haga de noche, alunada. Y quedándonos fuera, abajo de los luceros, volvamos a jugar aquellos juegos: el ladrón librado, esconde el anillo, l...

Un partido inolvidable.

Un partido inolvidable. Recuerdo que Jorge González -al que hoy llaman El Mágico-, jugaba esa noche por el lado izquierdo, es decir, exactamente frente a la platea del estadio, desde donde dos niños con sus narices pegadas a la baranda de alambre -mi hermano y yo-, lo veíamos, hipnotizados ambos, por esa tantas veces elogiada maniobra que lo hacia ver como un adulto diestro jugando contra niños. Con un elegante uniforme blanco, el equipo nacional enfrentaba al equipo de Haití. El “pajarito” Huezo por su parte, hacia aparecer pelotas que regalaba a aquel desmelenado jugador, para que éste las embrujara, pues por ese año 80, todavía se le conocía como La bruja. Iba y venia pues aquel muchacho creando su magia sobre el césped, como un prestidigitador con aquella pelota blanca, e iba y venia aquella algarabiílla de la gente en esa noche: zapateros, ingenieros, estudiantes, carpinteros, albañiles, médicos, minuteros, usureros, seminaristas, meseros, tapiceros, empleados, camioneros, abogado...

El monumento al Divino Salvador del Mundo

El Monumento al Divino Salvador del Mundo. A partir del año 72, que pasamos a vivir con mi familia en las cercanías del estadio Flor Blanca, no teníamos otro parque más cercano para jugar, que aquel conocido como el parque de El Salvador del Mundo. Allá íbamos muchas tardes de domingo a saltar y correr en sus -para nosotros- inmensos espacios, y regresar, ya cansados, con la caída del sol, caminando despacio de regreso a casa, es decir a uno de los cuartos de ese enorme mesón que se encontraba en el lugar que ahora ocupa el edificio Seiko, sobre la 55 avenida sur. No quedan vestigios de nuestra antigua vivienda, sólo esa calle en la que solíamos jugar de noche, los niños de ese pueblito escondido que era el mesón Viana, si la suerte nos prestaba una pelota. Cuando hoy visito ese parque del Monumento, y sentado a su sombra veo esa calle que se pierde allá enfrente -afeada por abigarrados carteles de publicidad,- en su rumbo al centro de la capital, me convenzo, de que un monume...

Simón Bolivar, el general desamparado

Simon Bolívar: el general desamparado. Por Jorge Castellón Lo veía siempre que yo pasaba por la esquina. Allí, oculto tras aquella enorme figura que se elevaba sobre sus patas traseras como queriendo tomar vuelo, como queriendo huir del suelo o quizás amedrentar a los transeúntes, que como yo, veíamos asombrados aquella escena extraña de un animal erguido, con las fuerzas contenidas en un intento estático, pero amenazante, mientras a sus pies, ajeno a esa acción intrépida en suspenso, la figura de un hombre yacía impasible, tendida sobre el suelo, a un palmo de las patas traseras de la bestia. Sobre los cartones, el hombre yacente parecía un cuerpo, que tras una ardua batalla había quedado insepulto, mientras el héroe de algún ejército vencedor, arribaba tardíamente a un poblado ya destruido, a expulsar a los bárbaros que huían del valor de aquel jinete. Porque aquella figura impresionante que se erguía, era un caballo y su jinete, un animal y un hombre, pero para el niño que era yo en...

Qué nos deja un poeta...cuando muere

¿Qué deja un poeta… cuando muere? A Mario Benedetti. ¿Qué deja un poeta… cuando muere? Su palabra. Y la fidelidad de aquellos, crédulos de la palabra misma, que la evocan, la conservan, la restauran, la limpian del polvo de los días, la pulen de las posibles manchas del olvido. La refrescan, la recitan, la recrean, la reinventan. ¿Qué deja un poeta al despedirse por vez última? Su lenguaje. Ese lenguaje de los otros hecho de sus palabras mismas, de las palabras que del corazón, van a su voz a algún papel y de ahí a la memoria. Que se vuelve canto luego, plegaria colectiva, grito o risa contagiosa, himno que viaja por los vientos, de aquí para allá, por doquier, como estandarte de la soledad y de las multitudes. ¿Qué deja un poeta, cuando se marcha para siempre? Su sentir. Y el vaivén de ese sentir sobre los otros, como olas que nos mecen, a veces tormentosas, a veces calmas, a veces misteriosamente quietas, en este mar de cosas imprevistas por donde caminamos para luego despedirnos…sor...