Ir al contenido principal

Entradas

El viaje del elefante

El viaje del elefante. La historia de Salomón – que así se llama el elefante - en su viaje de Lisboa a Viena a principios del siglo XVI, podría no interesar a muchos. El periplo inusitado de este animal, como un obsequio curioso del rey de Portugal al Archiduque Maximiliano de Austria, convertido en cuento, más pareciera un paréntesis de holgura literaria en la seria elaboración novelística de quien fuera en su día el premio Nobel de literatura: José Saramago, el ateo más querido de los cielos, como una vez le hube de llamar, con cristiana esperanza, a breves horas de su muerte. La novela o quizá, el cuento largo que es en si El viaje del elefante, no hace otra cosa que confirmar que para el gran escritor, no hay tema que no pueda elevarse a la altura de una gran literatura, y como alguien dijo una vez, no es lo que se escribe sino, el cómo se escribe, lo esencial del genuino arte de escribir. Saramago cuenta esta historia de una manara tal, que hace de lo narrado y lo leí...

Wakefield: el cuento maldito

No sé si a veces la literatura realiza o promueve un designio. No sé, si un cuento es capaz de definir un destino, el de algún lector: su víctima. No sé, si ha ocurrido antes, que lo alguna vez escrito se vuelva profecía, oráculo aterrador de alguna vida. Adquirí ese libro ya hace 20 años, en las cercanías de aquella pequeña plaza San José, quizá en una calurosa tarde de San Salvador.   Me lo traje conmigo… Por años he visto el lomo de ese libro en el estante o sabía de su existencia en una caja cercana. Sin atreverme a abrirlo, tan siquiera a tocarlo. Sabía que estaba allí, como una maldición escrita solo para mí. El terror y el más   insoportable dolor me invadían de lleno al repasar en el recuerdo, su argumento, tan siquiera. Sentía ese libro, ese cuento, burlarse, señalarme con un dedo acusador; quizás, sonreírse satisfecho al ver mi propia vida. Para mí era un libro maldito, en el que una vez leí una historia que al imaginarla en mi vida la sentí inso...

Crónicas de Arturo Ambrogi

Crónicas de Arturo Ambrogi Publicado en Revista Contrapunto Arturo Ambrogi (1874-1936), fue un escritor que poseía la tan rara facultad de la fina escritura,   pero sobre todo, este salvadoreño de entre-siglos, fue un cronista excepcional y junto a ello, un viajero incansable, un cosmopolita en el más extenso sentido del término. En el año 1996, bajo el titulo de Crónicas, y con el auspicio del entonces Consejo nacional para la cultura y el arte, se publicó un conjunto de breves escritos (24 en total) procedentes de tres de sus trabajos principales: Crónicas marchitas (1916), Marginales de la vida (1912)   y Muestrario (1955). En conjunto, la obra es un recuento de relatos de vida del escritor en su peregrinaje por el mundo, pero principalmente un contar de encuentros con personalidades sobresalientes de la literatura y el arte latinoamericano. Se inicia el libro con la visita que Ambrogi hiciera a la casa de Rubén Darío en el año 1915, en una de sus estancia...

El Aleph prodigioso

El Aleph prodigioso. (Publicado en Revista Contrapunto. Agosto 2012) Releyendo esa maravillosa obra que sobre Fernando de Magallanes, escribiera Stefan Zweig, me sorprendo en una tarde de domingo, en uno de esos lugares donde muchas personas se congregan – llamados por el olor del café-   con sus respectivas soledades y silencios, a pasar las horas con sus    miradas atentas sobre las pequeñas pantallas de sus computadores y tabletas. De repente, me sorprende ser el único en ese sitio, que en lugar de algún dispositivo electrónico, tiene un libro en sus manos. Este hecho, pienso, me da ciertas limitaciones, o tal vez, me da ciertas ventajas. No lo tengo claro. Me intriga saber qué ven en ese momento preciso, qué observan, qué leen los otros; y si de alguna forma su mirada es más profunda, más amplia, de lo que yo experimento al leer como aquel famosísimo personaje contornea con su nave el África y   se avoca a la actual Singapur; o como navega sobre g...

Ortega y Gasset y las generaciones salvadoreñas

Josê Ortega y Gasset, El tema de nuestro tiempo y las generaciones salvadoreñas. (Publicado originalmente en Diario Colatino. Suplemento Cultural Tresmil en  mayo 2010)  ¿Hacia dónde vamos como país? ¿Qué esperamos del futuro? ¿Es posible esperar un estado de cosas mejor que el que actualmente tenemos? La creciente violencia social, el poderoso crimen organizado, la pobreza extrema, el terror cotidiano, la migración forzada, el desmembramiento familiar y la pérdida de la tradición comunitaria, son algunos de los problemas sociales que en el día de hoy definen el panorama social salvadoreño. Ante ello,   se anteponen aquellas interrogantes, y fundamentalmente la principal de ellas: ¿tendremos la oportunidad que la generación presente o alguna generación futura asuma sobre sus hombros, mejor que nosotros, la responsabilidad de transformar esta deshumanizante realidad en la que hoy vivimos? El intentar una respuesta tentativa a esa pregunta, insoslayable...

Amor, erotismo, literatura

¡Beso que ha mordido mi carne y mi boca con su mordedura que hasta el alma toca! ¡Beso que me sorbe lentamente vida como una incurable y ardorosa herida! Juana de Ibarbourou. Amor, erotismo: literatura. La vida es  también  vivencia del deseo erótico y el anhelo amoroso. Anegados por esa “llama doble”  -como Octavio Paz ha titulado uno de sus ensayos fabulosos-, el amor y el erotismo nos construyen, hasta llegar a definirnos, tanto como lo hace nuestra voz, nuestro andar, nuestro carácter,  y por qué no, nuestra particular idea sobre la esencia de la vida.   La vivencia erótica nos abrasa, y su fuego -que en ocasiones confundimos con la fuerza de la juventud-, nos regala el momentáneo habitar de una dimensión resplandeciente, desde donde se puede ver de otra manera el universo; desde donde se puede apreciar y sentir, un estado diferente del vivir  que está muy lejos de la angustia que la mortalidad nos provoca; del terror al dolo...

Acuarela de Toquinho

Acuarela de Toquinho A veces queremos ser buenos. Simplemente limpios del mundo, tal y como antes lo fuimos de niños. Solo la música y la poesía juntas, nos lo conceden...