Clases de literatura. Vengo de unas clases de literatura. Las imparte ese señor altísimo y delgado, de voz pausada y tranquila, que tenemos el gusto de escuchar en estas tardes cortas del otoño, acá en Berkeley, de este año ochenta tan convulso en que vivimos. ¡Nos ha hablado de tantas cosas!, pero, sobre todo, de esa relación que, en la literatura latinoamericana, se da entre la realidad y la fantasía, mejor, entre la realidad y lo fantástico. De cómo la realidad en el relato- y en la vida- es invadida por lo fantástico; de cómo lo fantástico forma parte de la realidad y de qué manera, eso que él llama lo fantástico, se manifiesta, es decir: como juegos del tiempo, del espacio, o como las múltiples formas de la fatalidad. Nos lee sus cuentos, con mesura y timidez, sin nada de soberbia o falsa modestia; como un buen panadero muestra su pan, un buen campesino, sus cosechas, o un carpintero, una ventana. Como un trabajo realizado en el que se ha puesto el mejor esf...