Ir al contenido principal

La sonrisa milenaria


La sonrisa milenaria.

Recorrer la distancia de 42 kilómetros y 192 metros en un tiempo de dos horas, tres minutos y 56 segundos es algo ajeno a cualquier ser humano de cualquier parte del planeta, rico o pobre, blanco, negro o amarillo. Solo lo pudo lograr un ser humano: Haile Gebrselassie. Quien abandonó hoy la maratón de New York a mitad de la carrera y al mismo tiempo, abandonó para siempre a sus 37 años, su carrera atlética.




La carera de largo fondo ha sido siempre una actividad humana maravillosa. Un atleta de alto nivel, vive en otro planeta dentro de su solitaria vida de fondista. Recorre entre 200 a 300 kilómetros por semana, entrena dos o tres veces diarias los ocho días de la semana, los 365 días del año. Vive consigo mismo siempre. Dialoga con el sonido de sus pasos sobre el pavimento o la tierra; observa sin ver ese paisaje rutinario que conoce de memoria a la hora del amanecer o del crepúsculo. Conversa con la luna, las estrellas, el sol tierno de las mañanas de invierno.



Cuando duerme, su corazón late despacio: ¡puede alcanzar los 30 latidos por minuto!. Es el organismo humano más económico que existe. Y solo sigue un precepto al entrenarse: resistir y resistir más y hacerlo de forma inteligente y así, es capaz de recorrer el mismo circuito de 400 metros de una pista atlética a la misma velocidad –tiempo- de forma precisa, ni un segundo más, ni un segundo menos, por más de cien veces seguidas.



Pocas personas conocen lo que el cuerpo experimenta después de los 35 kilómetros de recorrido con un ritmo cardiaco de 180 pulsaciones por minuto a una velocidad cercana a los 20 kilómetros por hora. En ese momento, fuerza psíquica y física se cofunden. Muchos/as recorren los últimos siete kilómetros de una maratón en estado casi de inconsciencia, con la única conciencia de finalizar el corrido.



Nunca sabremos los límites del organismo humano, ni por qué, verdaderamente, allí de donde surgió la humanidad y desde donde comenzó a recorrer el mundo, Kenia y Etiopia, se sigue repitiendo la historia de un ser que nació no solo para pensar y jugar y trabajar, sino, también para caminar, correr y sonreir.
Jorge Castellón

Noviembre 7 de 2010

Publicado en :

Revista Hontanar, Australia:















Comentarios

Entradas populares de este blog

Simón Bolivar, el general desamparado

Simon Bolívar: el general desamparado. Por Jorge Castellón Lo veía siempre que yo pasaba por la esquina. Allí, oculto tras aquella enorme figura que se elevaba sobre sus patas traseras como queriendo tomar vuelo, como queriendo huir del suelo o quizás amedrentar a los transeúntes, que como yo, veíamos asombrados aquella escena extraña de un animal erguido, con las fuerzas contenidas en un intento estático, pero amenazante, mientras a sus pies, ajeno a esa acción intrépida en suspenso, la figura de un hombre yacía impasible, tendida sobre el suelo, a un palmo de las patas traseras de la bestia. Sobre los cartones, el hombre yacente parecía un cuerpo, que tras una ardua batalla había quedado insepulto, mientras el héroe de algún ejército vencedor, arribaba tardíamente a un poblado ya destruido, a expulsar a los bárbaros que huían del valor de aquel jinete. Porque aquella figura impresionante que se erguía, era un caballo y su jinete, un animal y un hombre, pero para el niño que era yo en...

Naika. Before he falls

There's a little boy in a little house, he loves attention..  And in his loving home when the lights go out. He wants to play.. He says; look at me mommy look at me.. I am flying can you see? But the little boy sees his mother cries, it's all familiar..  And with this noise outside he knows what it hide and hold too close.. She said; look at me baby look at me, in your heart I'll always be.  Stop the war, stop the war before he falls Stop the war, he is a dreamer he is pure..  And when the darkness clear, his home disapears.. The world is turning..  And through the cloudy skies a man opens his eyes and yells and pray. He screams; look at me boy look at me.. Can you hear me, can you breath?  But tear on eyes by the scene, now one tear fall on his chest.  Stop the war, stop the war before he falls. Stop the war, he is a dreamer he is pure.. Stop the war before he falls Stop the war he is a dreamer he is pure, he doesn't know what...

Qué nos deja un poeta...cuando muere

¿Qué deja un poeta… cuando muere? A Mario Benedetti. ¿Qué deja un poeta… cuando muere? Su palabra. Y la fidelidad de aquellos, crédulos de la palabra misma, que la evocan, la conservan, la restauran, la limpian del polvo de los días, la pulen de las posibles manchas del olvido. La refrescan, la recitan, la recrean, la reinventan. ¿Qué deja un poeta al despedirse por vez última? Su lenguaje. Ese lenguaje de los otros hecho de sus palabras mismas, de las palabras que del corazón, van a su voz a algún papel y de ahí a la memoria. Que se vuelve canto luego, plegaria colectiva, grito o risa contagiosa, himno que viaja por los vientos, de aquí para allá, por doquier, como estandarte de la soledad y de las multitudes. ¿Qué deja un poeta, cuando se marcha para siempre? Su sentir. Y el vaivén de ese sentir sobre los otros, como olas que nos mecen, a veces tormentosas, a veces calmas, a veces misteriosamente quietas, en este mar de cosas imprevistas por donde caminamos para luego despedirnos…sor...