Ha muerto José Saramago: el ateo más mimado de los cielos.



Viernes, 18 Junio 2010

SAN SALVADOR - Levantado del suelo, siempre me gustó ese titulo de uno de tus libros. Me hacía entender que somos, los humanos, como una semilla, que se yergue en tallo, que crece, que se esfuerza por buscar la luz nutricia- en medio de las plagas y tormentas-, por empaparse del agua misma de los cielos, en su lucha por convertirse en colorida flor y, si es posible, en semilla nueva.

Levantado del suelo, como un libro, como un poema, cuya semilla habita en el corazón de ese o aquella que escribe, para florecer en las manos de otros hombres y mujeres, en una festiva polinización de los espíritus, como si la primavera encontrase – en las palabras de un poeta- una forma más perenne de ser entre las almas.Así, hoy te levantas de donde yaces -hombre y libro-, invisible, en calma, como gaviota azul en medio del océano, y nos llevas en tu vuelo hacia donde el horizonte no termina, hacia el lugar de las eternas esperanzas, hacia el ignoto espacio donde se halla, quizá, no la Pandora de este reino, sino, los sueños de los Prometeos, la dignidad de los Quijotes.


Hoy, Dios conversa contigo. Y en alguna forma inimaginable a nosotros, caminas despacio, conversando, siendo bienvenido. Siendo, este día humano, el ateo más mimado de los cielos. Por allá, ¨pajareará tu alma colmenera¨ disputando preguntas y razones, recogiendo el polen sagrado de los sabios, los santos, los sufridos, los que han muerto abandonados, o de hambruna, cumpliendo de esa forma y siempre, tu obrera labor de escritor humanizante, oficio extraño, tarea terca del mundo que dejaste.


Y en una tarde, tal vez mañana mismo, sobre tu querido mar de Lanzarote, lloverá una lluvia dulce, una brizna de paz, que dibujará en el horizonte nuestro, un arcoíris, o quizá un puente entre la tierra y los cielos, para que un Dios de un sufrir de carne y hueso, se reencuentre con hombres y mujeres de esperanza férrea como fue siempre la tuya, y este mundo sea, por fin, levantado del suelo donde, agonizante, yace.

Publicado en:
Revista Contrapunto. El Salvador

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