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Mostrando entradas de marzo, 2011
La hora de comer.

Escuché hace poco tiempo una interesante, mejor, apasionada conferencia de parte de dos mujeres que han dedicado sus vidas, una al arte culinario, la otra, a ello y a la literatura, me refiero a Lidia Matticcio Bastianich, reconocida cocinera italiana de la televisión educativa norteamericana (PBS por sus siglas en inglés), y Judith Jones, editora, quien publicara aquel memorable libro de Julia Child: Mastering the Art of French Cooking, y quien a su vez, fuera traductora al inglés de Jean Paul Sartre y Albert Camus, así como la editora de John Updike por más de 50 años.


En la ocasión de esa conferencia celebrada en noviembre de 2009, y que fue auspiciada por Harvard Book Store, la señora Bastianich habla de su libro Lidia Cooks from the Heart of Italy, y entre otras cosas, reflexiona sobre esa experiencia única que es el momento en que… compartimos en la mesa. Dice ella, que es precisamente a la hora de la comida, por ejemplo, que las personas estamos más abiertas, m…

Esa otra orilla que añoramos alcanzar.

Esa otra orilla que añoramos alcanzar.


El hogar, la casa, ese espacio donde, tras cerrar la puerta, el mundo queda afuera a la espera de nosotros, mejor, ajeno ya a nosotros, protegidos como estamos al fin en nuestro encierro de cosas conocidas, de sonidos que envuelven nuestros sueño, de voces a través de las cuales, volvemos a reconocernos en nuestra vida real, en lo que realmente somos…hija, hermano, padre, abuela.


Afuera, no somos lo que somos: transitamos. Vamos de acá para allá, negociando nuestro rostro, y a veces, nuestro ser, en un trueque donde en el mejor de los casos, tras gastarse nuestras manos, nuestra voz, nuestra paciencia, nos queda la esperanza del retorno con lo nuestro, con los nuestros o con nuestra soledad fiel, que nos aguarda.


Deambulamos, somos masa, muchedumbre; luego, en casa, somos este que soy, con nombre propio, aquella que es, inconfundible. En casa, una silla me recuerda, conoce mis pasos, mi peso, mi olor, el toque de mis dedos en su espalda y viene ento…